Las Sardinas a la Antigua de Conservas Ortiz son uno de los productos más emblemáticos de esta casa vasca. Su nombre "a la antigua" no es solo marketing; se refiere a un proceso de elaboración específico que se utilizaba en el siglo XIX y que Ortiz ha mantenido para diferenciar este producto de las sardinas de línea industrial.
1. Elaboración Tradicional
· Fritura en aceite: A diferencia de la mayoría de las sardinas en conserva, que se cocinan al vapor dentro de la propia lata, estas se fríen ligeramente en aceite antes de ser envasadas. Este proceso les otorga una textura mucho más firme y un sabor tostado muy característico.
· Limpieza y empaque manual: Se seleccionan las piezas por tamaño, se limpian a mano una a una y se colocan cuidadosamente en la lata para que mantengan su piel plateada intacta.
· Ingredientes: Se conservan exclusivamente en aceite de oliva, que ayuda a que el pescado se mantenga jugoso y vaya ganando matices con el tiempo.
2. Perfil Sensorial
· Textura: Al haber sido fritas, la carne es compacta y tersa, pero a la vez resulta melosa al paladar. No se desmenuzan fácilmente, lo que permite apreciar la calidad de la pieza entera.
· Sabor: Tienen un sabor intenso a pescado azul, pero muy refinado. El aceite de oliva actúa como conductor, suavizando la potencia del mar y aportando untuosidad.
· Evolución: Es una conserva que, al igual que el buen vino, tiene capacidad de guarda. Con el paso de los meses (o incluso años dentro de la lata), la espina se integra totalmente y el aceite penetra en la carne, volviéndola más delicada.
3. Sugerencias de Consumo
Este producto es una joya gastronómica que brilla por sí sola, pero aquí tienes unas ideas para disfrutarla:
· Sobre pan: Una rebanada de pan de hogaza tostado, quizás con un poco de mantequilla salada o simplemente con el propio aceite de la lata.
· Con cítricos: Unas gotas de limón o un poco de ralladura de lima resaltan la grasa saludable de la sardina.
· En ensalada: Acompañando unos pimientos rojos asados o unos corazones de alcachofa.